Organizar importa en el liderazgo. La dirección, las estructuras, las decisiones, las responsabilidades. Todo eso moldea lo que puede pasar después.
Algo pasa. Hago una lectura de eso, y quiero algo a partir de ahí. Después miro hacia adelante, hacia donde creo que se va a resolver. Un comité ejecutivo, un documento para el directorio, una conversación previa con una persona. Y me pongo a trabajarlo. El plan, la secuencia, el argumento, la respuesta a la pregunta que nadie ha hecho todavía. Trabajo duro en eso, y el trabajo es bueno.
Y mientras mejor es, menos parece una elección. Para cuando estamos en la sala, nada de eso parece mío. Ha llegado a parecer la situación. Dicen que sí a una conclusión. Nunca vieron sobre qué estaba construida, así que tampoco hay a qué decirle que no.
Estaba siendo riguroso. También estaba fijando mi lectura en una sala que todavía no había ocurrido.
Por qué no veo lo que organizo
Dicha en voz alta, mi lectura es algo con lo que otros pueden estar en desacuerdo. Organizada dentro de la sala, es simplemente cómo transcurre la reunión. No hay un momento que atrapar, porque no se decidió nada. Se preparó.
También me acomodaba. Me tocaba ser la persona que llegaba con la respuesta, el que lo dejaba claro. Hasta donde puedo ver, a otros también les acomodaba. Quizás porque recibían algo riguroso y terminado.
Ahí es donde trabajo. Dentro de lo que se está organizando. La agenda, el documento, la decisión mientras se está enmarcando. Qué se agregó, qué se quiso, y cómo llegó a quedar armado así. Se tomaron decisiones. Se pueden mirar.
Para que podamos mirarlo juntos, y algo pueda cambiar.